En la Europa del siglo XVI, la Iglesia católica dominaba la espiritualidad, la política, la economía y el conocimiento. Las misas se oficiaban en latín, idioma incomprensible para el pueblo. La Biblia estaba encerrada tras los muros de monasterios y universidades, y su interpretación dependía de una jerarquía encabezada por el Papa.
Era un mundo donde la fe estaba mediada por rituales, reliquias e indulgencias, y donde los más humildes compraban la esperanza de su salvación con monedas (y el sonido que hacían). En ese escenario, un monje alemán se atrevió a cuestionar estos motivos.
| Martín Lutero y sus 95 tesis (Ferdinand Pauwels 1872) |
I. La rebelión de un monje: Martín Lutero
El 31 de octubre de 1517, Lutero publicó sus famosas 95 tesis contra la venta de indulgencias, una práctica con la que se prometía reducir el tiempo en el Purgatorio a cambio de dinero. Los beneficios iban en parte al papa León X, que financiaba la construcción de la basílica de San Pedro, y en parte a los Fugger, una influyente familia de banqueros alemanes que financiaba al emperador Carlos V.
Aquella crítica teológica era también una denuncia al "sistema económico" que sostenía el poder papal aunque en un principio no niega el papado como institución ni el purgatorio pero cuestiona por qué el papa no vacía el purgatorio.
Su desafío fue considerado una herejía. En la Dieta de Worms (1521), ante el emperador, Lutero pronunció las palabras que marcarían el espíritu de la Reforma:
“Mi conciencia está cautiva de la Palabra de Dios. No puedo ni quiero retractarme, porque no es seguro ni correcto actuar contra la conciencia.”
II. Sola Scriptura: solo la Escritura
El primer gran principio de la Reforma fue Sola Scriptura (“solo la Escritura”). Significaba que la Biblia es la única fuente infalible de autoridad en materia de fe y práctica.
Esta idea “implicaba un choque frontal con la enseñanza de la Iglesia católica”, ya que el Concilio de Trento (1545–1563) había declarado que la revelación provenía tanto de la Biblia como de la Tradición, y que la interpretación correspondía exclusivamente a la jerarquía eclesiástica.
Lutero y los reformadores afirmaron que la Palabra de Dios debía estar por encima de toda institución humana. La enseñanza de Jesús mismo lo confirmaba: “invalidáis la palabra de Dios con vuestra tradición” (Marcos 7:13).
Para ellos, el cristiano debía hacer lo que hacían los bereanos (Hechos 17:11): escudriñar las Escrituras para ver si lo que escuchaba era verdadero.
Por eso, la Reforma fue ante todo un movimiento de regreso a la Biblia. Y devolver la Biblia al pueblo significaba devolverle la libertad.
III. La Palabra en el idioma del pueblo
En los siglos previos, traducir la Biblia podía costar la vida. John Wycliffe en Inglaterra y Jan Hus en Bohemia habían sido perseguidos por esa causa.
Pero la Reforma transformó ese riesgo en una cruzada cultural.
- En 1522, Lutero tradujo el Nuevo Testamento al alemán desde el griego.
- En 1569, Casiodoro de Reina publicó en Basilea la primera Biblia completa en español, conocida como Biblia del Oso por el grabado de su portada.
- En 1602, Cipriano de Valera revisó la obra, dando origen a la Biblia Reina-Valera, hoy la traducción protestante más difundida en el mundo hispano.
- En Inglaterra, William Tyndale tradujo el Nuevo Testamento en 1526. Por ese acto fue estrangulado y quemado en la hoguera, clamando: “¡Señor, abre los ojos del rey de Inglaterra!”
Mientras “los protestantes insistían en llevar la Biblia al pueblo en el lenguaje del pueblo, la Iglesia católica mantuvo las Escrituras distanciadas del pueblo hasta el Concilio Vaticano II” (1962 - 1965).
Cada traducción protestante era, por tanto, un acto de libertad espiritual.
IV. Sola Gratia y Sola Fide
La segunda consigna de la Reforma fue Sola Gratia (“solo por gracia”), y la tercera Sola Fide (“solo por fe”).
Ambas expresaban la convicción de que el ser humano no puede comprar su salvación ni merecerla, sino que la recibe gratuitamente por medio de Cristo.
Lutero describió esta revelación como “la puerta del paraíso”.
Durante siglos, la Iglesia había reemplazado la gracia por un sistema de méritos y ritos, una “visión impregnada de paganismo” que convertía la fe en una transacción: “Te doy para que me des”.
La Reforma derribó ese mito. Frente al Purgatorio, las indulgencias y los sacramentos como vías de salvación, los reformadores respondieron con la enseñanza de Pablo: “El justo por la fe vivirá.” (Romanos 1:17)
V. Solo Cristo: el mediador único
Otro de los grandes principios fue Solus Christus (“solo Cristo”).
Durante la Edad Media, se había multiplicado la figura de mediadores: santos, vírgenes, reliquias, ángeles, e incluso sacerdotes que decían tener poder de perdonar pecados.
Pero el apóstol Pablo había escrito:
“Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” (1 Timoteo 2:5)
La Reforma devolvió a Cristo su lugar central, “la Reforma significó un regreso a la enseñanza pura del cristianismo primitivo y una liberación para millones de seres humanos esclavizados por enseñanzas de hombres”.
Al eliminar intermediarios humanos, el cristiano se reconocía en relación directa con Dios.
VI. Calvino y la Reforma del pensamiento
Mientras Lutero explicaba y debatía en alemania, en Suiza Juan Calvino (1509–1564) daba a la Reforma una estructura diferente.
Cuando comenzó la persecución contra los reformistas en Francia, Calvino tuvo que huir. En 1533, tras un discurso en la Universidad de París que defendía ideas cercanas a Lutero, fue considerado hereje por la corona francesa.
Formado en derecho y humanidades en las universidades de París, Orleans y Bourges, Calvino sistematizó la teología protestante en su obra Institución de la religión cristiana (Institutio Christianae Religionis) (1536).
En ella, defendía la soberanía de Dios sobre todas las cosas y la responsabilidad del creyente de vivir con disciplina, integridad y servicio.
Su pensamiento moldeó la ética del trabajo, la educación pública y el gobierno representativo. Como escribió Max Weber influenciado por Calvino que, “la ética protestante” sería la semilla del capitalismo moderno así como la disciplina laboral, ahorro y reinversión, vida moderada, entre otros.
VII. Trento y la Contrarreforma
Ante la expansión del protestantismo, Roma reaccionó (un poco tarde) convocando el Concilio de Trento (1545–1563). Allí se definió la doctrina católica frente a las enseñanzas reformadas.
Trento reafirmó los siete sacramentos, el celibato clerical, la autoridad papal y la Vulgata latina como versión oficial de la Biblia. También prohibió las traducciones no autorizadas.
“Trento fue un cierre de filas: una defensa del orden establecido más que una reforma espiritual”.
Mientras la Reforma decía “la Biblia al pueblo”, Trento respondía “la Biblia bajo control”.
VIII. El legado de la Reforma
Cinco siglos después, el legado de la Reforma continúa.
El principio de libertad de conciencia, la idea de que nadie debe creer por imposición, nació de la convicción de Lutero de que la fe no puede ser forzada.
El énfasis en la educación (para que cada persona leyera la Biblia) impulsó la alfabetización general.
Y la ética del trabajo y la responsabilidad personal transformaron la cultura europea.
“La Biblia, la Palabra de Dios, había sido devuelta al pueblo y, en el curso de los siglos siguientes, iría llegando, en su propia lengua, a las culturas más lejanas. Era uno de los aportes más extraordinarios de la Reforma al acervo común de la humanidad.”
En una época donde la verdad parecía monopolio de los "hombres poderosos", la Reforma enfatizó que la autoridad suprema pertenece solo a la Palabra de Dios.
Esa convicción encendió la libertad moderna, formó naciones y, sobre todo, permitió que millones pudieran leer, comprender y creer por sí mismos.
Juan A. Herrera
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Lecturas recomendadas
El Legado de la Reforma - César Vidal (JUCUM)
La Reforma 500 Años Después, ¿Qué significa Lutero hoy? - Guillermo Méndez (SERVIPRENSA)
Lutero, Calvino y Trento: La Reforma Que No Fue - Fernando Díaz Villanueva, Alnerto Garín (SEKOTIA)
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