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Cada Semana Santa, es común encontrar publicaciones (copy-paste) que aseguran que la historia de Jesús es una simple copia de mitos antiguos. Se afirma que figuras como Osiris en Egipto o Tammuz en Babilonia son los "originales" de los cuales el cristianismo tomó la idea de un dios que muere y resucita. Sin embargo, al analizar los documentos históricos y las evidencias forenses, estas comparaciones simplemente no tienen sentido.
| La incredulidad de Santo Tomás (Incredulità di San Tommaso), Michelangelo Merisi da Caravaggio, c. 1601–1602. Bildergalerie, Palacio de Sanssouci, Potsdam. |
El problema de las fechas
Uno de los errores más graves de quienes defienden la teoría del mito es ignorar la cronología. Al revisar las fuentes primarias, se observa que la mayoría de los relatos sobre dioses paganos que supuestamente "resucitan" fueron escritos en los siglos II y III d.C, por ejemplo:
- Mithras: Se dice que nació de una virgen, pero el mito dice que nació de una roca. No tuvo una muerte expiatoria ni una resurrección histórica.
- Dioniso: Es un mito sobre la fuerza vital de la naturaleza. Su "resurrección" es el renacer de la vid después de la cosecha, no un evento corporal en una tumba identificable.
Como documenta Lee Strobel en sus entrevistas con expertos, es mucho más probable que los cultos de misterio hayan copiado elementos del cristianismo cuando este se volvió popular en el Imperio Romano, y no al revés. Para que una leyenda reemplace a la historia, se necesitan siglos; en el caso de Jesús, los testimonios se escribieron apenas unas décadas después de los hechos, mientras los testigos aún vivían.
Símbolos agrícolas vs. Hechos físicos
Existe una diferencia fundamental en la naturaleza de estos relatos. Figuras como Tammuz o Dionisio no eran personas reales, sino representaciones de los ciclos de la naturaleza: las plantas mueren en invierno y "resucitan" en primavera.
En el caso de Osiris, el mito cuenta que fue momificado y se convirtió en el señor del inframundo, pero nunca regresó a la vida física en la tierra. Jesús, por el contrario, no es un símbolo de las estaciones. Los Evangelios describen una victoria física sobre la muerte en un cuerpo que podía ser tocado y que comía frente a otros, rompiendo con cualquier esquema mitológico previo.
El anclaje histórico
Los mitos suelen comenzar con frases como "en un tiempo olvidado" o "en una tierra lejana". El Nuevo Testamento hace lo opuesto. Los autores, como Lucas y Juan, proporcionan nombres, cargos políticos y ubicaciones exactas que pueden ser verificadas arqueológicamente:
Menciona a Poncio Pilato (procurador romano).
Menciona a Tiberio César (emperador).
Menciona a los sumos sacerdotes Anás y Caifás.
Estos detalles demuestran que no estamos ante "mitología", sino ante un informe que pretendía ser veraz y que podía ser investigado por sus contemporáneos tales como:
- La Piedra de Pilato: Descubierta en Cesarea en 1961, confirma el título exacto de Poncio Pilato como "Prefecto de Judea", tal como sugieren los registros históricos.
- El Osario de Caifás: Encontrado en 1990, esta caja funeraria contiene los restos del sumo sacerdote que condenó a Jesús, confirmando que se trataba de una figura histórica real y no una figura literaria.
La prueba de los credos
Un detalle interesante que menciona Lee Strobel es la existencia de los "credos orales". Antes de que se escribieran los Evangelios, los cristianos ya recitaban fórmulas o credos de fe.
1 Corintios 15:3-7: Este pasaje contiene un credo que los historiadores (incluyendo no creyentes) datan entre 2 y 5 años después de la crucifixión.
Importancia: Este corto intervalo de tiempo elimina cualquier posibilidad de que la historia de la resurrección fuera una leyenda que se desarrolló lentamente durante décadas. La afirmación de que Jesús murió y resucitó estaba allí desde el principio.
El criterio de la "Dificultad" o "Vergüenza"
Si los discípulos hubieran querido inventar un mito convincente para la época, no habrían incluido detalles que los dejaran mal parados:
Las primeras testigos de la resurrección fueron mujeres, cuyo testimonio no tenía validez legal en la corte judía del siglo I. Si fuera un mito inventado, habrían puesto a Pedro o a Juan como los primeros testigos para ganar credibilidad.
El hecho de que el Mesías muriera en una cruz —un símbolo de maldición para los judíos y de locura para los romanos— es algo que nadie habría inventado para fundar una religión, a menos que realmente hubiera sucedido.
El testimonio de quienes no eran cristianos
La historia de Jesús no depende solo de la Biblia. Historiadores seculares de la antigüedad, que no tenían ningún interés en promover el cristianismo, confirmaron los datos esenciales:
Flavio Josefo (historiador judío) menciona la ejecución de Jesús y el impacto de sus seguidores.
Tácito (historiador romano) confirma que "Cristo" sufrió la pena máxima bajo Poncio Pilato durante el reinado de Tiberio.
Plinio el Joven documenta cómo los primeros cristianos lo adoraban como a un Dios apenas unas décadas después de su muerte.
La historia frente al mito
Al evaluar la evidencia, queda claro que la teoría que intenta reducir a Jesús a una simple copia de deidades paganas no sobrevive a un examen histórico riguroso. Mientras que los mitos de Osiris, Tammuz o Mithras pertenecen al ámbito del simbolismo poético y los ciclos naturales, el relato del Nuevo Testamento se inserta de manera deliberada y comprobable en la historia humana.
En última instancia, el cristianismo no invita a una fe ciega ni mucho menos en mitos, sino a una respuesta razonada ante eventos ocurridos en momentos específicos y evidentes y podemos comcluir que en el siglo I, ocurrió algo tan extraordinario que ninguna categoría mitológica previa puede explicarlo. El Domingo de Resurrección, por tanto, no celebra el renacer de la primavera, sino la victoria documentada de Jesús, el Cristo sobre la muerte.
Juan A. Herrera
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