El socialismo en la antigua Grecia

 "Grecia no era el ideal republicano... simplemente lean a Platón"


¿Hubo “socialismo” en la antigua Grecia? Ateneos, espartanos y el eterno debate entre libertad y control

De Hesíodo a Aristóteles, pasando por Sócrates y Platón, en Grecia se discutieron ideas que hoy suenan muy actuales: ¿escasez y trabajo vs. ociosidad? ¿cooperación voluntaria vs. control estatal? ¿propiedad privada vs. “propiedad común”? Este recorrido contrasta el espíritu mercantil de Atenas con el ideal militarista de Esparta y muestra cómo ciertos pensadores desconfiaron del comercio y exaltaron el orden impuesto “desde arriba”.

Hesíodo (s. VIII a. C.): escasez, justicia y dignidad del trabajo

Hesíodo parte de un dato duro: la escasez es constante; por tanto, hay que asignar eficientemente los recursos. El comercio y la competencia pueden coexistir con ley y justicia, generando armonía social. Su ética del trabajo es nítida: trabajar ennoblece; la inactividad deshonra. Esta visión, lejos de romantizar la pobreza, valora el esfuerzo productivo y su aporte al bien común. 

Protágoras y la cooperación social

En tiempos de Pericles, Protágoras subraya la necesidad de cooperación y sostiene que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Más allá de debates relativistas, el punto útil para economía es: las personas conocen mejor sus propias circunstancias que cualquier autoridad distante. Allí asoma una intuición pro-conocimiento local que siglos después inspiraría a economistas sobre el orden espontáneo

Dos ciudades, dos modelos: Atenas vs. Esparta

  • Atenas: mayor respeto e igualdad ante la ley, vida mercantil y artesanal con espacio para el intercambio.

  • Esparta: militarismo, recursos administrados por el Estado, disciplina total.
    Muchos intelectuales griegos admiraron Esparta y denigraron el comercio, pese a los frutos culturales y económicos del mundo ateniense. El dilema no es nuevo: sociedad abierta vs. control central

Sócrates: virtud sobre riqueza (y el elogio de Esparta)

Sócrates coloca la búsqueda de la virtud como ideal supremo y desprecia la riqueza material y el beneficio empresarial. Llega a elogiar el modelo espartano, incluso reclamando pensiones vitalicias del Estado por su servicio cívico. Hay aquí un choque frontal con la valoración ateniense del trabajo, el intercambio y la artesanía

Platón: “propiedad común”, familia y Estado total

Discípulo de Sócrates, Platón radicaliza la postura: ataca la propiedad privada, exalta la propiedad común, desprecia el comercio y propone un Estado regulador total, con educación y crianza bajo control estatal, eugenesia y modelo militarista (inspirado en Esparta). Intentó aplicar sus ideas (p. ej., en Siracusa), con fracaso. Desde la economía, este programa presupone una omnisciencia planificadora que, como advirtió Hayek siglos después, incurre en “fatal arrogancia”: creer que una élite puede saber mejor que la sociedad en conjunto. 

Aristóteles: autarquía, jerarquías y sospecha al comercio

Más moderado que Platón, Aristóteles aún desconfía del comercio y favorece la autarquía (auto-suficiencia de la polis) con distribución por rangos: el Estado asigna bienes según el estatus del ciudadano (médico, artesano, comerciante). Su visión de intercambio “equivalente” llevó a algunos a derivar, siglos después, teorías como el valor-trabajo (influenciando tanto a Marx como a lecturas en Adam Smith), que malinterpretan por qué existe ganancia e ignoran la subjetividad del valor

Alejandro Magno: expansión “desde arriba”

La influencia aristotélica alimenta una praxis imperial de organización vertical. La expansión de Alejandro es también una expansión de órdenes centralizadas más que de cooperación entre ciudades libres. 

Conclusión: Grecia nos sigue interpelando

La discusión abrió preguntas vigentes. ¿Preferimos sociedades que permiten explorar, comerciar y aprender—aun con imperfecciones—, o ordenes que prometen pureza a costa de controlar recursos, familia y pensamiento? La historia sugiere que la cooperación voluntaria, sostenida por ley justa y trabajo digno, produce más libertad y bienestar que la autarquía planificada.


Juan A. Herrera

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