¿Pedro fue el primer Papa?

 

Pedro, la roca y la confesión

El texto clave es Mateo 16:18: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. La Iglesia católica interpreta que Cristo fundó su Iglesia sobre la persona de Pedro, quien sería el primer papa.

Sin embargo, se puede interpretar que la “piedra” no es Pedro mismo, sino su confesión de fe: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). En otras palabras, la Iglesia no se edifica sobre un hombre, sino sobre la fe en Cristo.

Entrega de las llaves a San Pedro (c 1481–1482) (Perugino) 

El Nuevo Testamento muestra a Pedro como un líder carismático y vocero,  no como un gobernante supremo. En Hechos 2, predica en Pentecostés; en Hechos 10, evangeliza al centurión Cornelio; y en Gálatas 2, Pablo lo corrige públicamente por su incoherencia entre judíos y gentiles. Si Pedro hubiese tenido autoridad infalible, esta confrontación sería impensable.

El Concilio de Jerusalén (49 d.C.): liderazgo colegiado

El primer concilio cristiano, relatado en Hechos 15, se celebró en Jerusalén alrededor del año 49 d.C. Allí se discutió si los gentiles debían circuncidarse y obedecer la Ley de Moisés para ser salvos.

Pedro si partició en ese concilio, pero quien presidió la reunión y dictó la resolución final fue Santiago, el hermano del Señor y líder de la iglesia de Jerusalén. Esto muestra que, en los primeros tiempos, la autoridad era compartida entre los apóstoles y los ancianos, sin una figura única de poder central.

Roma en el siglo I: ¿una comunidad o un papado?

Tras la muerte de Pedro (probablemente entre el 64 y 67 d.C. durante la persecución de Nerón), los cristianos de Roma continuaron organizándose. Sin embargo, no hay evidencia de que Pedro haya designado a un sucesor, ni de que existiera un “obispo de Roma” con autoridad sobre las demás iglesias.

Las fuentes más antiguas, como la Primera Carta de Clemente (ca. 96 d.C.), muestran una iglesia romana preocupada por la unidad, pero dirigida por un colegio de presbíteros (ancianos). El sistema del obispo único se estableció gradualmente hacia el siglo II.

Los primeros nombres: Lino, Anacleto y Clemente

Las listas más antiguas de los obispos de Roma aparecen con Ireneo de Lyon (ca. 180 d.C.) y Eusebio de Cesarea (siglo IV). Según estas, los primeros sucesores de Pedro fueron:

  1. Lino (67–76): Mencionado por Pablo en 2 Timoteo 4:21.

  2. Anacleto (Cleto) (76–88): A veces aparece como dos personas distintas, Cleto y Anacleto.

  3. Clemente I (88–97): Autor de una carta a los corintios, exhortando a la unidad.

Aun así, no hay evidencia contemporánea de que estos hombres hayan sido designados directamente por Pedro ni que tuvieran jurisdicción universal.

León I “el Grande” (440–461): el inicio del poder papal

Con el tiempo, el obispo de Roma fue ganando prestigio moral y autoridad política. Esto se consolidó con León I, quien fue papa entre 440 y 461 d.C. 

  • En el Concilio de Calcedonia (451), su carta doctrinal (Tomus Leonis) fue recibida con las palabras: “Pedro ha hablado por boca de León”.

  • En 452, León se entrevistó con Atila el Huno y logró, según la tradición, convencerlo de no saquear Roma.

  • También definió que el papa, como sucesor de Pedro, posee autoridad especial sobre toda la Iglesia.

Sin embargo, las iglesias orientales no aceptaron esta pretensión. Esto, sumado a diferencias culturales y teológicas, culminó siglos después en el Cisma de Oriente (1054), que separó a la Iglesia ortodoxa de la católica.

Del medioevo al Vaticano I (1870)

Durante la Edad Media, el papado se convirtió en una potencia política. Los papas gobernaban los Estados Pontificios y rivalizaban con los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico.

Pero fue recién en el Concilio Vaticano I (1869–1870) cuando se definió oficialmente el dogma del papado:

  • El papa es sucesor directo de Pedro.

  • Tiene jurisdicción universal e inmediata sobre toda la Iglesia.

  • Es infalible cuando habla ex cathedra sobre fe o moral.

Este dogma se definió ¡dieciocho siglos después de Pedro!

Cristo, cabeza única de la Iglesia

Los reformadores del siglo XVI —Martín Lutero, Ulrico Zuinglio, Juan Calvino— rechazaron la autoridad papal y afirmaron que solo Cristo es cabeza de la Iglesia (Efesios 5:23).

Para ellos, la autoridad legítima proviene de la Palabra de Dios, no de una sucesión humana. La estructura del Nuevo Testamento muestra comunidades con presbíteros, obispos y diáconos, pero nunca un líder supremo infalible.

La Iglesia, según la Reforma, debía volver al modelo de Hechos: colegiada, bíblica y guiada por el Espíritu Santo, no por una jerarquía centralizada.

¿Qué dicen las fuentes antiguas?

  • Nuevo Testamento (años 50–90)
    No describe a Pedro como “obispo de Roma” ni habla de que dejara un sucesor. Sí muestra liderazgo colegiado (apóstoles + ancianos) y comunidades que eligen/ordenan presbíteros.

  • 1 Clemente (Roma a Corinto, ca. 96)
    Carta enviada en nombre de la iglesia de Roma, no de un obispo único. Habla de presbíteros/obispos en plural y de que los apóstoles establecieron líderes locales con sucesión ordenada, pero no nombra un “obispo de Roma” ni dice que Pedro designó a alguien.

  • Ignacio de Antioquía (ca. 110)
    En sus cartas a otras ciudades resalta la figura de un obispo único; en la carta a los Romanos curiosamente no menciona al obispo de Roma por nombre → indicio de que en Roma el modelo monárquico aún no estaba claro/dominante.

  • El Pastor de Hermas (Roma, ca. 140)
    Menciona a “los que presiden” (plural) en Roma → sugiere liderazgo colegiado avanzado el s. II.

  • Ireneo de Lyon (ca. 180)
    Da la primera lista: Pedro → LinoAnacleto/CletoClemente… La ofrece para refutar a los gnósticos (mostrar continuidad doctrinal), no como crónica neutral. Otras listas antiguas no coinciden del todo en orden/fechas.

  • Catálogo Liberiano (354) y Eusebio (s. IV)
    Intentan fijar fechas y sucesiones, a partir de memorias y archivos ya tardíos. El Liber Pontificalis (s. VI) añade datos devocionales/legendarios.

¿Cómo reconstruyen el proceso los historiadores?

La mayoría ve tres etapas:

  1. 67–ca. 120: después del martirio de Pedro

    • Roma mantiene la memoria/autoridad moral de Pedro y Pablo.

    • La comunidad parece gobernarse por un colegio de presbíteros (ancianos) que presidían las “iglesias domésticas”.

    • No hay evidencia de un obispo único reconocido universalmente.

  2. ca. 120–170: transición al “obispo único”

    • Por analogía con otras ciudades (que ya lo tenían), en Roma emerge gradualmente un presidente estable del presbiterio que termina siendo reconocido como epíscopo (obispo).

    • Aquí se suelen ubicar a Lino, Anacleto/Cleto y Clemente. El orden exacto y funciones no son seguros (posibles solapamientos de líderes de casa-iglesia).

  3. ca. 170–250: elección del obispo por clero y pueblo

    • Ya hay un obispo de Roma en sentido claro.

    • La elección la hacían clero y pueblo de Roma, y la consagración la realizaban obispos vecinos.

    • Casos documentados: Fabiano (236–250) y Cornelio (251), cuya elección “por el clero y el pueblo” es atestiguada por Cipriano y Eusebio; el cisma de Novaciano muestra que el proceso podía ser disputado.

Entonces… ¿cómo “decidieron” la sucesión de Pedro?

  • Etapa 1: no “designó” un sucesor formal; la autoridad de Pedro quedó como memoria fundacional de la iglesia de Roma.

  • Etapa 2: el colegio de presbíteros fue reconociendo a un presidente estable; con el tiempo, ese presidente se entendió como obispo.

  • Etapa 3: la elección pasó a ser un acto comunitario (clero + pueblo), y la idea de que el obispo de Roma es el “sucesor de Pedro” se fue teologizando (sobre todo desde León I, 440–461).

Una construcción histórica

Desde la evidencia histórica, el papado es una institución desarrollada a lo largo de los siglos, no un mandato directo de Cristo. Su evolución respondió a necesidades políticas, culturales y doctrinales de su tiempo, pero no tiene fundamento en la enseñanza apostólica.

Pedro fue un apóstol fiel, mártir y testigo del Evangelio, pero nunca fue un “papa” en el sentido moderno. La verdadera roca de la Iglesia sigue siendo Cristo mismo, y su autoridad, la de su Palabra.


Juan A. Herrera 

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Lecturas recomendadas:

Historia del Cristianismo - Justo González (UNILIT)

A New Eusebius (SPCK)



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