“El estudio de las palabras es el comienzo de la libertad.”
Lorenzo Valla
Durante más de mil años, un documento sostenía una de las mayores afirmaciones de poder de la historia: que el emperador romano Constantino el Grande había entregado al papa la autoridad sobre Roma, Italia y todo el Occidente.
Aquel texto, conocido como la Donación de Constantino, fue citado por papas, reyes y juristas como el fundamento divino del poder del papado.
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| Fresco del siglo XIII. El papa Silvestre I y Constantino I |
El mito que justificaba el poder
El documento contaba que Constantino, tras ser curado milagrosamente de la lepra y bautizado por el papa Silvestre I, decidió ceder al pontífice el dominio de Roma y el título imperial en Occidente, conservando él solo la parte oriental del Imperio.
Era, en apariencia, un gesto piadoso: el emperador reconociendo la autoridad espiritual y política de la Iglesia.
Con esa base, los papas medievales se presentaban no solo como jefes de la Iglesia, sino como herederos legítimos del Imperio Romano en Occidente.
Gracias a la Donación, podían coronar emperadores (como a Carlomagno en el año 800), exigir obediencia a los reyes y reclamar territorios en Italia. Cuestionar aquel documento era impensable.
Un documento nacido del fraude
El texto fue escrito en el siglo VIII, más de cuatrocientos años después de la muerte de Constantino, probablemente en tiempos de Pipino el Breve o de los carolingios, cuando el papado buscaba apoyo político frente a los invasores lombardos.
Era una falsificación hábil, llena de alusiones bíblicas y fórmulas jurídicas que parecían antiguas.
De hecho, ya en la corte del emperador Otón III hacia el año 1000 hubo quienes dudaron de su autenticidad, y los teólogos bizantinos del siglo XI también la rechazaron. Pero la Iglesia católica latina siguió defendiéndola: el mito servía demasiado bien como argumento para conservar poder y territorios.
El humanista Lorenzo Valla
En el siglo XV, el clima intelectual había cambiado. El Humanismo renacentista empezaba a reivindicar el estudio directo de los textos antiguos, sin intermediarios ni supersticiones.
Entre esos estudiosos se encontraba Lorenzo Valla (1407–1457), un erudito romano, interesado en el latín clásico y de los filósofos griegos.
Valla trabajaba entonces para el rey Alfonso V de Aragón, que buscaba controlar Nápoles y enfrentaba la oposición del papa Eugenio IV. En 1440, Valla escribió un tratado con un título bastante contundente:
De falso credita et ementita Constantini donatione (“Sobre la falsa y mentirosa Donación de Constantino”).
En él, aplicó la crítica filológica como método de interpretación: Analizó la gramática, las palabras y las instituciones mencionadas en el texto y descubrió muchas cosas:
- Se usaban términos feudales como feudum y satrapa, inexistentes en el siglo IV.
- Se mencionaban costumbres y leyes medievales, propias del siglo VIII.
- Incluso la forma de latín no coincidía con la época de Constantino.
Su conclusión: el documento era una falsificación.
Un escándalo académico
La denuncia de Valla fue una bomba política.
Si la Donación era falsa, el papado no tenía título legal sobre los Estados Pontificios ni sobre buena parte de Italia.
Valla, con su análisis lingüístico, había hecho lo que ningún ejército había logrado: socavar el fundamento ideológico del poder papal.
Sin embargo, su trabajo no se publicó de inmediato.
Alfonso V, ya reconciliado con Roma, no tenía interés en provocar al papa.
Solo décadas después, en plena Reforma protestante, el texto fue redescubierto y publicado por el también humanista alemán Ulrich von Hutten (1488–1523), aliado de Lutero. Desde entonces, Valla fue celebrado como un precursor del pensamiento crítico que preparó el terreno para la Reforma.
Pensamiento crítico
La historia de la Donación de Constantino es una lección sobre cómo el poder y la verdad rara vez caminan juntos.
Un imperio necesitó inventar una donación para justificar su autoridad.
Un humanista descubrió que el texto mentía.
Y siglos después, esa verdad ayudó a liberar a Europa de uno de sus mitos más duraderos.
En tiempos donde la palabra escrita aún puede manipular, la lección de Valla sigue vigente: no basta con creer, hay que escudriñar (Juan 5:9).
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Lecturas recomendadas
Historia Irreverente del Arte - Alberto Garín (ESFERA)
Renacimiento - Alberto Garín (HARPER COLLINS)

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