Los ídolos modernos y sus falsos profetas (II)

 "Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado."

Benito Mussolini

 

"El cosmos es todo lo que es, o fue, o será alguna vez."

Carl Sagan


¿Qué nos dice la (verdadera) ciencia sobre los cambios del clima?

Cuando aplicamos una metodología científica rigurosa, descubrimos que muchos factores naturales están interconectados: la luminosidad de las estaciones, las variaciones de temperatura, el nivel del mar, la actividad tectónica y los períodos interglaciales.
Los registros climáticos muestran una correlación clara entre la temperatura y la concentración de dióxido de carbono (CO₂), aunque con una precisión sorprendente: primero cambian las temperaturas y después el CO₂, no al revés.

"L'adoration du veau d'or", Nicolas Poussin (1634)

Antes de 1950, la Tierra atravesó una fase de enfriamiento significativo, aunque con diferencias según la latitud. Las temperaturas globales descendieron entre 5.7 °C y 8.7 °C, y en algunas zonas de Europa llegaron a ser hasta 15 °C más bajas que las actuales. El hielo se expandió en glaciares y capas continentales, lo que provocó una caída del nivel del mar de entre 120 y 140 metros.

Pero, ¿por qué terminó esa glaciación? Se pueden identificar varias causas combinadas:

  1. Factores astronómicos: los llamados ciclos de Milankovitch alteraron la radiación solar que llega a la Tierra, especialmente en el hemisferio norte, reduciendo la acumulación de nieve invernal.

  2. Disminución del albedo: al derretirse parte del hielo, las superficies oscuras (como los bosques boreales) absorbieron más radiación solar, intensificando el calentamiento.

  3. Retroceso de la banquisa marina: menos hielo flotante implicó menor reflexión de la luz solar y más calor retenido.

  4. Cambio en los vientos: al reducirse el tamaño de las masas de hielo, los patrones de circulación atmosférica cambiaron, llevando aire más cálido desde los océanos.

  5. Aumento del CO₂: el dióxido de carbono se liberó desde los suelos inundados, los océanos y el permafrost derretido, añadiendo unos 2.4 W/m² de radiación adicional.

  6. Mayor presencia de vapor de agua: el aire más cálido retuvo más humedad, lo que reforzó el efecto invernadero natural.

La suma de todos estos factores impulsó el proceso de desglaciación que transformó el planeta.

Más tarde, aún antes de mediados del siglo XX, volvió a producirse un periodo de enfriamiento que contribuyó a la aridez de muchas regiones desérticas actuales. Las causas, de nuevo, fueron astronómicas: una órbita más excéntrica, una inclinación mayor del eje terrestre y una posición distinta del perihelio.
Paradójicamente, el CO₂ también aumentó, esta vez por la mayor sequedad de los continentes y el aporte adicional desde los océanos.

De la Edad de Hierro al esplendor romano

Las reconstrucciones climáticas basadas en isótopos de hielo nos permiten seguir, con bastante detalle, cómo han cambiado las temperaturas y cómo eso repercutió en la historia humana. En ese gran mapa temporal, se aprecia una tendencia de fondo muy útil para poner en contexto las variaciones recientes.

Durante la llamada Edad de Hierro las temperaturas descendieron; en cambio, a lo largo de la expansión del Imperio Romano el clima fue más suave y templado. Analizando los núcleos de hielo, muchos investigadores sostienen que el último milenio (1000–2000 d. C.) ha sido, en conjunto, el más frío del Holoceno. Según estas series, la Tierra habría seguido enfriándose a un ritmo aproximado de 0.14 °C por milenio, un valor cercano a 20 veces el observado desde tiempos del Imperio Romano (en particular desde 1000 a. C.).

En el debate público actual, no faltan voces que consideran que un aumento de 2 °C sería catastrófico. Esa percepción ha calado en buena parte de la opinión pública y en muchos responsables políticos de países occidentales, que son quienes deciden cómo se emplean los recursos recaudados vía impuestos.

Del Óptimo Climático Medieval a la Pequeña Edad de Hielo

Para los siglos más recientes ya no dependemos únicamente de indicadores indirectos: además de proxies, contamos con crónicas, mediciones esporádicas, registros meteorológicos y agrícolas, y abundante material histórico, literario y pictórico.


The age of the ice cores depends on the climate history


Entre 950 y 1250, se registró un calentamiento moderado conocido como Óptimo Climático Medieval. Las fuentes de la época cuentan que Groenlandia era, literalmente, “tierra verde” (Greenland); gran parte de Escandinavia se cultivaba; y la población europea se triplicó entre 1050 y 1300. Fue la era de las expansiones vikingas hacia el Este (hasta Nóvgorod), el Sur y el Oeste, con episodios en Islandia, Groenlandia y hasta Vinland (costas de Terranova). Este calentamiento medieval se respalda en textos europeos y asiáticos, hielos polares, sedimentos marinos y anillos de árboles, aunque su intensidad y duración variaron por regiones.

Hacia 1250 comenzó un enfriamiento que acabó por comprometer los asentamientos escandinavos en Groenlandia, dando paso a la Pequeña Edad de Hielo. En 1350 se produjo un descenso brusco de temperaturas que se acentuó en el siglo XVII y se prolongó hasta 1850

Las consecuencias fueron muy visibles: desaparecieron viñedos en Inglaterra, los cultivos de cereales se tuvieron que desplazar hacia el sur, los glaciares alpinos avanzaron, las vendimias se retrasaron y los ríos de Europa central y de las islas británicas se helaban con frecuencia.

Los nuevos absolutos

Otro de los ídolos modernos se manifiesta en el el clima, y sus profetas son las grandes organizaciones internacionales que anuncian desastres inminentes con lenguaje apocalíptico. Sin embargo, cuando observamos la historia y los registros científicos con objetividad, descubrimos que muchos de esos relatos se construyen sobre mitos de control, no sobre verdades estables.

Al final, estos discursos suelen coincidir en una misma solución: solo el Estado (o los estados) pueden salvarnos, casualmente de la misma forma en que afirmaba Mussolini —“todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”—.
Y, al mismo tiempo, se sustentan sobre un naturalismo cerrado, que recuerda la sentencia de Carl Sagan: “El cosmos es todo lo que es, fue o será”. En ambos casos, no hay lugar para lo trascendente ni espiritual ni el hecho de mencionar que puede existir alguna otra posibilidad: Mussolini no admite nada fuera del Estado, y Sagan no contempla nada más allá del cosmos.

Pero incluso los datos, cuando se interpretan sin fanatismo, nos muestran que la realidad es más compleja que cualquier dogma político o científico. Paradójicamente, quienes se presentan como defensores de la verdad terminan erigiéndose en una nueva inquisición: censuran la duda, expulsan la crítica y castigan la disidencia.


---

Lecturas recomendadas

https://edmhdotme.wpcomstaging.com/holocene-context-for-catastrophic-anthropogenic-global-warming/

Comentarios