Génesis 12: El Pacto Abrámico y la Soberanía de la Gracia de Dios
El capítulo 12 del libro de Génesis marca un punto fundamental en la historia. Pasamos a la parte que se titula "la era de los patriarcas". Bajo el título de "Dios y los patriarcas", las Escrituras nos introducen a la intervención soberana del Creador en la vida de un hombre específico: el llamado de Abraham.
Este análisis explora las implicaciones teológicas, históricas y prácticas de este pacto fundacional.
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| Abraham escucha las promesas del Señor Luca Giordano 1694-1696, Museo Nacional del Prado |
1. El Llamado Soberano y los Participantes del Pacto
El relato comienza con una declaración contundente: "Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre a la tierra que te mostraré".
Es importante notar el uso del tiempo pretérito pluscuamperfecto ("había dicho"), lo cual sugiere que este llamamiento divino ocurrió originalmente en Ur de los Caldeos, antes de la muerte del padre de Abraham (Carballosa).
Un Contraste de Identidades
El texto establece una distinción clara entre los participantes del pacto:
El Participante Divino: Jehová es presentado como el Dios de la gloria, el "guardador del pacto" y aquel que existe por sí mismo. Su elección demuestra su absoluta soberanía; Él es quien manda, y el vasallo debe obedecer.
El Participante Humano: Abraham es introducido simplemente como "Abram", sin ningún título de honor, en marcado contraste con los títulos divinos que abundan en el texto.
Como señala Juan Calvino, este mandato requería una fe ciega: es como si Dios le ordenara avanzar con los ojos cerrados, prohibiéndole preguntar el destino hasta que hubiese renunciado completamente a su realidad presente para entregarse a Él (Carballosa).
2. Las Siete Promesas Proféticas
En los versículos 2 y 3 de Génesis 12, encontramos las estipulaciones fundamentales del Pacto Abrámico, las cuales contienen siete promesas proféticas. Estas pueden clasificarse en tres categorías teológicas:
A. Promesas Personales
Dios garantiza transformar la identidad y el destino de Abraham:
Bendición Personal: "Te bendeciré". Esta promesa se cumplió literalmente, pues Abraham fue enriquecido y bendecido incluso por Melquisedec, rey de Salem.
Exaltación del Nombre: "Engrandeceré tu nombre". Hoy, Abraham es reconocido por las tres grandes religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e islamismo) como "el amigo de Dios" (Al-Khalīl en árabe).
Protección Divina: Dios promete bendecir a los que le bendigan y maldecir a los que le maldigan, estableciendo una identificación total entre Dios y el patriarca.
B. Promesas Nacionales
Dios establece las bases para la nación de Israel:
Formación de una Nación: "Haré de ti una nación grande". Aunque Israel fue elegido siendo un pueblo insignificante, su verdadera grandeza radica en ser el vehículo de la redención y depositaria de la revelación divina, de donde vendría El Mesías.
La Tierra: Dios promete dar la tierra de los cananeos a su descendencia para siempre, promesa sobre la cual gira gran parte de la historia bíblica futura.
C. La Promesa Universal (Mesiánica)
La promesa culminante declara: "Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra".
La expresión "en ti" hace referencia última a la simiente de Abraham, el Mesías.
Esto implica la doble naturaleza de Cristo: Su humanidad (conectado genealógicamente con Abraham para redimir) y su deidad (pues solo un ser divino podría bendecir a todas las familias de la tierra y evitar la propia condenación).
3. La Naturaleza Incondicional del Pacto
A diferencia de los contratos humanos que conllevan obligaciones mutuas, los grandes pactos bíblicos (como el Noético, el Abrámico, el Davídico y el Nuevo Pacto) son incondicionales los cuales estaremos explorando más adelante.
El texto enfatiza verbos en primera persona donde Dios es el sujeto activo: "Haré", "Bendeciré", "Engrandeceré". No se expresa ninguna condición que Abraham deba cumplir para garantizar el pacto; este descansa exclusivamente en la fidelidad y el juramento de Dios, quien, al no tener otro mayor por quien jurar, juró por sí mismo.
4. La Respuesta de Fe y la Separación del Mundo
Abraham, a la edad de 75 años, obedeció. Tomó a su esposa Sarai, a su sobrino Lot y sus bienes, y partió hacia Canaán.
Separación: Salir de su tierra y parentela simboliza la separación del espíritu del mundo. Aunque el creyente vive en el mundo, su ciudadanía y "patria" se convierten en celestiales.
Adoración: Al llegar a Siquem y luego a Bet-el ("Casa de Dios"), Abraham edificó altares e invocó el nombre de Jehová, estableciendo una vida de adoración pública en medio de una tierra pagana (Willmington).
5. La Prueba de Fe: El Descenso a Egipto
A pesar de la grandiosa promesa, la fe de Abraham fue probada. El texto relata que "hubo hambre en la tierra". Abraham estaba en el lugar de la obediencia, en la Tierra Prometida, y sin embargo, enfrentó una crisis.
El Fracaso Humano
En lugar de confiar en la provisión divina, Abraham actuó por iniciativa propia y miedo, descendiendo a Egipto sin consultar a Dios. Allí, su temor lo llevó al engaño:
Pidió a Sarai que dijera que era su hermana (una verdad a medias, pues era su media hermana) para evitar que lo mataran.
Esta acción puso en peligro la línea mesiánica, ya que Sarai fue llevada a la casa de Faraón.
La Intervención Soberana
Dios intervino sobrenaturalmente enviando plagas sobre Faraón para proteger a Sarai y preservar el pacto. Irónicamente, fue el gobernante pagano quien reprendió al patriarca por su engaño antes de expulsarlo.
Conclusión
La narrativa de Génesis 12 nos enseña que Abraham, aunque es llamado el padre de la fe, era un pecador salvado por la gracia soberana. Su fracaso en Egipto demuestra que la estabilidad del pacto no depende de la perfección humana, sino de la fidelidad de Dios.
Si Dios pudo llamar "amigo" a un hombre que en momentos de debilidad recurrió al engaño, ciertamente puede obrar en la vida de cualquier creyente que pone su vida en Sus manos. La justificación es por fe, y el cumplimiento de las promesas descansa eternamente en el carácter inmutable de Jehová.
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Lecturas recomendadas
Génesis - Evis Carballosa, Portavoz, 2017
Compendio de Harold L. Willmington, Portavoz, 2001

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